Don Beto recién se había jubilado. Parte del dinero recibido lo aprovecho para terminarle de pagar su casa al INFONAVIT. La otra parte la utilizó para acondicionar su cochera en un local para un pequeño negocio. Puso una verdulería.

Al principio les iba bien, paso el tiempo y la mujer le puso el cuerno, se fué con el amante y dejó a Don Beto con sus dos hijos ya entrados en la adolescencia: una chica rubia, atractiva (quizá su mayor defecto físico era su nariz) y su hermano algunos años menor que ella.

Pasaron los años, la madre jamás regreso y la muchacha se embarazó. Don Beto se hizo responsable. La muchacha ya no estudió la preparatoria y se veía que iba directo a una vida descarriada. Don Beto cayó enfermo. Quizá fue por el exceso de trabajo pues todos los días se levantaba a las 4 de la mañana para ir al agropecuario a comprar cosas para la verdulería y tener todo listo desde muy temprano.

Dicen que duró cerca de 8 meses internado y que estuvo cerquita de morir, pero logró recuperarse. A su regreso, se encontró que ya era abuelo por segunda ocasión, su hija seguía siendo mamá soltera y habían dejado caer la verdulería.

Al parecer ya no pudo más con la carga y se fue a vivir otra colonia, se llevó a su hijo menor y le dejó la casa a la muchacha con sus dos hijos. Dicen que abrió una cantina y que el hijo se hizo jotito.

La muchacha ya llevaba tiempo prostituyéndose, descuidaba mucho a sus dos pequeños pues los dejaba casi todo el día y toda la noche solos. Como nunca falta, una vecina chismosa la denunció al DIF y quizá fue para bien. La semana pasada vinieron junto con 3 patrullas de la municipal y le quitaron a sus dos hijos.

A la muchacha, la siguen trayendo todos los días por la mañana para dejarla a su casa.