Pues aquí estoy, tratando de entender el Bicentenario y ver qué hay que celebrar. Me di a la tarea de formar una síntesis histórica resaltando las traiciones que nos hemos realizado los unos a los otros.

Quizá el siguiente vídeo es mas ameno, breve y dirigido "a las masas" sin embargo hay algunas inconsistencias pues por ejemplo Vicente Guerrero no fue vicepresidente de Guadalupe Victoria y no estuvo en contra de él. El vicepresidente de Guadalupe Victoria fue Nicolás Bravo y Guerrero fue quien derroto a Bravo. Así también, creo que le faltaron muchas otras traiciones igualmente importantes.

   

La parte de la Historia Nacional que cubro es desde los inicios de la Independencia hasta Diaz, justo antes de Madero ya que la Revolución Mexicana, con tantas traiciones, da para otro post.

Los inicios de las ideas Independentistas.

Las ‘Reformas Borbónicas’ fueron los cambios introducidos por los monarcas de la dinastía borbónica de la Corona Española: Felipe V, Fernando VI y, especialmente Carlos III; durante el siglo XVIII, en materias económicas, políticas y administrativas, aplicadas en el territorio peninsular y en sus posesiones ultramarinas en América y las Filipinas.

Estas reformas de la dinastía borbónica estaban inspiradas en la Ilustración y, sobre todo, se enmarcan dentro del nuevo absolutismo monárquico. Entre 1760 y 1808 se fueron implantando cambios en materia fiscal, en la producción de bienes, en el ámbito del comercio y en cuestiones militares. Estos cambios procuraban aumentar la recaudación impositiva en beneficio de la Corona, reducir el poder de las elites locales y aumentar el control directo de la burocracia imperial sobre la vida económica. Las reformas intentaron redefinir la relación entre España y sus colonias en beneficio de la península.

España durante casi cincuenta años envió a peninsulares españoles ocupar los puestos mas altos con el objetivo de asegurar la tributación.

Aunque la tributación aumentó, el éxito de las reformas fue limitado; es más, el descontento generado entre las elites criollas locales aceleró el proceso de emancipación por el que España perdió la mayor parte de sus posesiones americanas en las primeras décadas del siglo XIX.

En la ocupación francesa de España en 1808 el Rey Carlos IV y su hijo y sucesor Fernando VII abdicaron sucesivamente en favor de Napoleón Bonaparte, que dejó la corona de España a su hermano José Bonaparte. Como respuesta, el ayuntamiento de México —con apoyo del Virrey José de Iturrigaray— reclamó la soberanía en ausencia del rey legítimo. la reacción condujo a un golpe de Estado por parte de peninsulares en contra el Virrey y llevó a la cárcel a los cabecillas del movimiento.

A pesar de la derrota de los criollos en la Ciudad de México en 1808, en otras ciudades de Nueva España se reunieron pequeños grupos de conjurados que pretendieron seguir los pasos del ayuntamiento de México. Tal fue el caso de la conjura de Valladolid, descubierta en 1809 y cuyos participantes fueron puestos en prisión (excepto Ignacio Allende). En 1810, los conspiradores de Querétaro estuvieron a punto de correr la misma suerte pero, al verse descubiertos, optaron por tomar las armas el 16 de septiembre en compañía de los habitantes indígenas y campesinos del pueblo de Dolores (Guanajuato), convocados por el cura Miguel Hidalgo y Costilla.

Ignacio José de Jesús Pedro Regalado Allende y Uzanga

Nació el 21 de enero de 1769 (el mismo año que nació Napoleón Bonaparte) en la Villa de San Miguel el Grande (hoy en su honor conocido como San Miguel de Allende). Fue hijo de Domingo de Allende, español, y María Ana de Unzaga, ricos comerciantes y hacendados de San Miguel; pasó su infancia en el ambiente propio de la alta posición social y económica de sus padres. Sus principales aficiones durante su primera juventud fueron el toreo, la charrería y otras actividades rancheras. De hecho la nariz chueca se la debe a una caída del caballo cuando estaba coleando a unas reses.

A la edad de 18 años ingresó al Colegio de San Francisco de Sales en su ciudad natal, bajo la tutela de su tío José María Unzaga, donde conoció a los hermanos Aldama. Durante su primera juventud mostró gran afición por las faenas del campo, el toreo y la charrería. Pronto fue conocido por sus aventuras amorosas con diversas jóvenes del lugar, y llegó a tener un hijo (Indalecio) a los 23 años con Antonia Herrera.

En 1794 llegó a San Miguel el Grande don Miguel Malo y Hurtado de Mendoza, con el cargo de alguacil mayor, quien dispuso organizar el regimiento provincial de los Dragones de la Reina. En 1795 le envió al virrey la nómina de oficiales, en la que figuraba Ignacio Allende. A la milicia recién formada se unieron Juan Aldama Rivadeneyra y José Mariano Jiménez, y del cual fue nombrado teniente, ratificado por despacho real en febrero de 1796. Para ese entonces Félix María Calleja era el coronel de la décima brigada de San Luis Potosí, que abarcaba en su jurisdicción el área de San Miguel el Grande. Por ese motivo conoció a Allende y llegó a conferirle diversas comisiones.

El virrey Félix Berenguer de Marquina lo nombró teniente del Cuerpo de Granaderos en enero de 1801, bajo el mando del recién ascendido General Félix María Calleja, y enviado a Texas para combatir a los aventureros estadounidenses que pretendían invadir ese territorio.

Es curioso que estuvo bajo las órdenes del General Félix María Calleja (peninsular), y de hecho en su historial escalafonario algunos de sus ascensos fueron aprobados por el General Calleja cuando en el futuro se convertiría en el acérrimo rival de Allende y enemigo de la Insurrección.

El 10 de abril de 1802, a los 33 años, cuando tenía el grado de teniente de las Milicias de la Reina, Allende casó con María de la Luz Agustina de las Fuentes, natural de San Miguel el Grande y viuda de Benito Manuel de Aldama (quien no tenía parentesco alguno con sus amigos Ignacio y Juan del mismo apellido). Sólo seis meses duró este matrimonio, ya que ella murió el 20 de octubre del mismo año.

En 1808, el virrey Iturrigaray, temeroso de una invasión inglesa, ordenó las primeras grandes maniobras militares que se efectuaron en la Nueva España. A Allende le tocó ser concentrado en la ciudad de México, posteriormente en Jalapa y finalmente en El Palmar (Sonora). La comunicación que ahí tuvo con elementos liberales y masones, así como oficiales del ejército colonial que sostenían ideales de libertad e independencia, le infundió las doctrinas independentistas. Después de obtener experiencia en las armas y el grado de capitán al mando de un regimiento de caballería llamado "Dragones de la Reina", regresó a su tierra natal en 1809.

Sus inquietudes políticas lo hicieron participar en la organización de reuniones de conspiradores. En 1809 tomó parte en la conspiración de Valladolid, promovida por los militares José María Obeso y José Mariano Michelena, la que fue descubierta y sus dirigentes detenidos. Allende logró evadirse, pero no desistió de realizar nuevos intentos independentistas.

Su gran amigo Juan Aldama (compañero en la milicia) y él ya habían pensado en ideas de igualdad de oportunidades para los hijos de españoles nacidos en el Virreynado.

Ignacio Allende se integró a las reuniones organizadas en Querétaro por los corregidores Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortíz de Domínguez, Allende invitó a Juan Aldama. Se le unieron intelectuales, oficiales y parte del bajo clero; este grupo estaba formado por el Presbítero Sánchez y los licenciados Parra, Altamirano y Laso, así como el capitán Joaquin Arias. Las reuniones aparentaban ser culturales en la casa de Parra.

Dentro del grupo de confabulados había un hombre llamado Felipe González, "hombre honrado de extensos conocimientos", íntimo amigo y de toda la confianza de Allende, quien fue el que le sugirió el gran beneficio que el movimiento tendría si entre sus dirigentes hubiera un sacerdote: ayudaría enormemente a ganarse la confianza de la gente.

Allende pensó de inmediato en Hidalgo, ya que se trataba de un cura querido por todos, con buenas conexiones en las plazas eclesiásticas importantes y su parroquia, en Dolores, estaba a un paso de San Miguel el Grande, donde otras reuniones confabuladoras se llevaban a cabo. Es por eso que Ignacio Allende, y no el cura Hidalgo, fue el principal "movedor de la revolución", como se le llamó en los juicios que el fiscal Rafael Bracho le hizo en Chihuahua. Después de haber interrogado decenas de militares, clérigos, reos y civiles, Bracho llegó a la conclusión de que "el primer perturbador de la quietud de América" había sido Allende.

El cura Hidalgo al principio vaciló la invitación de Allende, pero acabó aceptando.

La primer diferencia que surgió entre Hidalgo y Allende fue el concepto de Independencia. El primero quería una Independencia Temporal (pues España estaba a manos de Francia) con la esperanza de que Fernando VII regresara al poder. El segundo deseaba una Independencia permanente sin importar quien reinara en España. Se cuenta que Allende estaba tan convencido de eso que antes de la guerra de Independencia pintaba con gis las barracas el mensaje de "¡Independencia! criollos cobardes".

Allende, por haber sido el principal promotor del levantamiento y por su preparación militar, era, naturalmente, quien aparecía como el jefe lógico de la lucha armada; pero Hidalgo, por su decisión, arrojo, carisma y su influencia sobre el pueblo fue escogido porque podría atraer al movimiento mayor gente del pueblo. Así, los jefes insurgentes decidieron que Hidalgo fuera capitán general y Allende teniente general.

Continuaron los preparativos y se adelantó la fecha al 2° de octubre en San Juan de los Lagos (Jalisco); pero, como la conspiración fue denunciada, Hidalgo decidió el alzamiento la madrugada del 16 de septiembre de 1810, en el pueblo de Dolores, Gto. El grito de Hidalgo fue un Domingo a las 5 de la mañana, el campanero José Galván llamó a misa, el pueblo acudido al llamado y con el grito de "¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Muera el mal Gobierno! ¡Viva Fernando VII!". Hidalgo incitó al pueblo a levantarse en armas contra los españoles.

Allende organizó las tropas, que sumaban inicialmente 800 hombres, de los cuales 400 eran de a caballo; llevaban como oficiales a hombres de los antiguos regimientos de San Miguel y Dolores. Cayeron en poder de los insurgentes Chamacuero, Celaya, Irapuato, Silao y finalmente Guanajuato.

Cabe resaltar esta última campaña, pues el 21 de Septiembre (el mismo dia en que fue nombrado oficialmente Capitán General de Ejercito Insurgente) Hidalgo escribe una carta al intendente José Antonio Riaño (eran amigos cercanos) para que se rindiera y evitar el derramamiento, a lo que éste último se negó. En su lugar los peninsulares y criollos importantes junto con algunos soldados realistas se resguardaron con víveres, municiones, sellos, papeles y demás enseres en la Alhóndiga de Granaditas (originalmente un almacén de granos), la enorme construcción con altas y gruesas paredes donde supuestamente permanecerían a salvo de las huestes insurgentes.

El 28 de septiembre Hidalgo toma la Alhóndiga de Granaditas, inscribiendo así esta fecha como una de las más importantes de la historia del México independiente. La muchedumbre enardecida saqueó la ciudad, arrasó con el lugar, con los bienes y con decenas de vidas, Hidalgo permitió la ejecución de Mujeres (se cree que también hubo violaciones) y niños españoles. Allende estuvo en contra de estas acciones y argumentaba que eso solo demeritaría la causa insurgente.

Ahí en Guanajuato se reorganizaron y partieron hacia Valladolid, en donde el número de combatientes llegó a 80,000 aunque pobremente armados y mal disciplinados. En Celaya, el 22 de septiembre, Allende había sido nombrado teniente general, como segundo de Hidalgo; y en Acámbaro fue proclamado capitán general, al mismo tiempo que Hidalgo era elevado a generalísimo.

Allende aspiraba al poder para él y los militares criollos, Hidalgo pensaba que el pueblo era el único dueño del poder y éste debía ejercerse en representación de su voluntad soberana. Allende intentó organizar el movimiento como un ejército, Hidalgo lo consideró un movimiento popular de reivindicación social. Allende trató a los prisioneros europeos conforme al derecho común, cuidó la seguridad de las personas, a los arrestados les juraba por su vida que no les pasaría nada a ellos ni a sus familias, que solo serían arrestados y sus bienes resguardados; Hidalgo les aplicó un trato conforme al derecho de guerra por lo que autorizó ejecuciones y confiscaciones, y no impidió el saqueo.

La marcha victoriosa continuó por Valle de Santiago, Salvatierra, Zinapécuaro, Indaparapeo, Acámbaro y Toluca.

Amenazada la ciudad de México, el Virrey Venegas nombró al teniente coronel Torcuato Trujillo para defenderla. De ahí avanzaron para acercarse a la ciudad de México y se enfrentaron en la batalla del Monte de las Cruces contra el ejercito Insurgente de 80,000 elementos mal entrenados, mal armados, mal disciplinados, pero sobrepasando enormemente la cantidad de efectivos realistas.

A la vista de la capital del virreinato, Allende consideró que el avance de las tropas insurgentes hacia la ciudad de México provocaría la captura del virrey o su huida, con lo que prácticamente se derrotaría al gobierno virreinal, se impediría a los realistas reorganizarse y la insurgencia disfrutaría de mayores elementos por la victoria alcanzada, lo cual le permitiría seguir la lucha en condiciones cada vez mejores. Pero Hidalgo no estuvo de acuerdo con la estrategia planteada por Allende.

NO EXISTEN DOCUMENTOS que indiquen los verdaderos motivos por los cuales Hidalgo no quiso avanzar y tomar la Ciudad de México. Un posible motivo quizá fue porque temió que se repitiera el derramamiento de sangre y el saqueo ocurridos durante la toma de Guanajuato; otro posible motivo fue que quizá después de la batalla del Monte de las Cruces consideró que tenían pocas municiones y se encontraban incapaces de asestar el golpe definitivo.

El hecho es que decidió replegarse en contra de la voluntad de Allende. Ese desacuerdo acentuó la división entre ambos y más tarde, propició la derrota del ejército insurgente, pues la tropa se desmoralizó y de casi cien mil hombres, se redujo a la mitad. En esas condiciones, en Aculco, se enfrentaron al General Calleja, quien esta vez los venció con su ejército bien pertrechado y disciplinado.

Ante la gravedad de la situación, Allende sustituyó a Hidalgo en el mando militar por su responsabilidad en la derrota y ambos acordaron dividir al ejército insurgente: Allende marchó a Guanajuato e Hidalgo a Guadalajara.

En Guanajuato, Allende acumuló provisiones para el caso de un sitio y siguió aprestándose para la guerra: fundió cañones, hizo barrenos para que hacerlos explotar al paso del ejército realista, fabricó armas y pólvora. Pudo resistir los primeros ataques de las tropas realistas y en varias cartas, cada vez más agrias, pidió ayuda a Hidalgo que se encontraba en Valladolid, así como a otros insurgentes. Al no obtener respuestas, antes de sufrir una nueva derrota, decidió abandonar Guanajuato a las fuerzas de Calleja sin presentar batalla y marchar a Guadalajara a reunirse con Hidalgo.

Cuando Calleja avanzó hacia Guadalajara, Allende tuvo nuevas diferencias con Hidalgo porque estuvo en contra de la decisión de dar batalla a los realistas en el Puente de Calderón. Ahí se libró una lucha encarnizada, pero a punto de alcanzar la victoria, explotó un vagón de municiones de los insurgentes, lo que facilitó su derrota por las fuerzas realistas, la que constituyó un verdadero desastre para los independentistas.

En Diciembre de 1810 y después de la dolorosa derrota de la batalla del Puente de Calderón, Allende intenta en tres ocasiones envenenar a Hidalgo, y no lo logra. Lo que más le irrita al militar es que el cura le pide que se dirija a él como su ‘Altísima Excelencia’. Allende no acepta dirigirse así, porque se da cuenta de que Hidalgo ya se había mareado con el poder.

En estas condiciones, los conflictos entre Allende e Hidalgo aumentaron y en Febrero de 1811 los oficiales pidieron a Hidalgo su renuncia, quien dimitió verbalmente a favor de Allende quedando al mando supremo del movimiento insurgente, que ya estaba muy debilitado.

Allende ordenó la retirada hacia Saltillo de las ya muy disminuidas fuerzas insurgentes, para de ahí marchar hacia Estados Unidos a fin de conseguir apoyo y armas. Allende contacta a un antiguo amigo y subordinado suyo cuando formaron parte del ejercito realista (los Dragones de la Reina) llamado Ignacio Elizondo. Acuerdan que el punto de encuentro será la población de las norias de Acatita de Baján, en el actual estado de Coahuila.

Fue en ese punto, el jueves 21 de marzo de 1811 donde  Allende, en compañía de Hidalgo y demás los caudillos insurgentes, esperaban ser recibido amistosamente por Elizondo, sin saber que éste ya los había traicionado.

Elizondo estaba resentido con Allende porque no le había dado el nombramiento de teniente general. Ajenos a la maquinación preparada, los insurgentes fueron víctimas de una emboscada al llegar el convoy a un recodo del paraje, cuando los realistas sorpresivamente los conminaron a rendirse, de modo que conforme avanzaban los contingentes independentistas, eran hechos prisioneros. En el último coche del contingente viajaban Allende y su joven hijo Indalecio; al intimidarlos a que se entregaran, Allende disparó su pistola sobre Elizondo llamándole traidor; pero éste salió ileso y ordenó a la tropa abrir fuego; el hijo de Allende, resultó muerto.

Preso Allende y encadenado, fue trasladado a la ciudad de Chihuahua, en donde se le sujetó a proceso penal por el delito de infidencia. Durante su juicio, Allende se portó muy sereno, pero al ver que el juez lo trataba con desprecio, rompió las esposas que traía en las manos y con el pedazo de cadena que colgaba de una de ellas le dio un fuerte golpe en la cabeza. Así, fue sentenciado a muerte.

El 26 de junio de 1811 con 42 años de edad, en compañía de Aldama y Jiménez, Allende fue fusilado y después decapitado. Su cabeza, junto con la de los demás jefes insurgentes, fue colocada en una jaula de hierro y fijada en una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato; el intendente Fernando Pérez Marañón, mandó poner la siguiente inscripción en la puerta del edificio: "Las cabezas de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, insignes facinerosos y primeros cabecillas de la revolución; que saquearon y robaron los bienes del culto de dios y del Real Erario; derramaron con la mayor atrocidad la inocente sangre de sacerdotes fieles y magistrados justos; y fueron la causa de todos los desastres, desgracias y calamidades que experimentamos y que afligen y deploran los habitantes todos de esta parte tan integrante de la nación española. Aquí clavadas por orden del señor brigadier don Félix María Calleja del Rey, ilustre vencedor de Aculco, Guanajuato y Calderón, y restaurador de la Paz en esta América. Guanajuato 14 de octubre de 1811".

[PENDIENTE: Hidalgo]

[PENDIENTE: Guadalupe Victoria]

Vicente Ramón Guerrero Saldaña

Nació el 10 de Agosto de 1782 en Tixtla, una aldea de la sierra en las cercanías de Acapulco. Fue mestizo y de orígenes humildes.

Cuando la guerra de Independencia estalló con el grito de cura Hidalgo, Guerrero estaba trabajando como armero en su lugar de origen.

Se unió a la rebelión en Noviembre de 1810 y se enlisto en una división comandada por el cura José María Morelos en el sur del Virreinato. Por tanto Guerrero heredó la ideología de Morelos, sobre todo la de igualdad (a diferencia de Allende e Hidalgo).

Guerrero se distinguió en la batalla de Izúcar (Febrero 1812) y alcanzó el rango de teniente coronel cuando los insurgentes tomaron Oaxaca en Noviembre del mismo año.

A finales de 1815, a raíz de la captura y ejecución de Morelos, Guerrero fue el único líder rebelde importante que seguia en libertad. Este fue el período más oscuro movimiento de independencia, pero Guerrero perseveró y mantuvo viva la rebelión a través de una prolongada campaña de guerra de guerrillas. Cuando el movimiento comenzó a revivir, Guerrero ganó victorias en Ajuchitan, Santa Fe, Tetela del Río, Huetamo, Tlalchapa y Cuautlotitlán, todas las comunidades en esa región del sur que tan bien conocía.

En 1819 el Virrey Español Apodaca logró convencer al anciano padre de Guerrero para tratar de hablarle a su hijo y rendirse. Entre lágrimas, el viejo de rodillas lo envolvió con sus brazos las piernas del lider insurgente y le rogó aceptar los términos del Virrey. En ese momento guerrero volteó con sus hombres y les dijo: "Compañeros, este anciano es mi padre. Él ha venido a ofrecerme recompensas en nombre de los españoles. Siempre he respetado a mi padre, pero mi país es lo primero".

Actualmente existe una placa en la pared de la casa de Guerrero en Tixtla que plasma esta cita incorrectamente: "¡La independencia y la libertad o la muerte! Primero esta mi patria que mi padre".

Al no poder inducir la rendición de Guerrero, Apodaca envió un ejército contra él bajo el mando del flamante y oportunista Agustín de Iturbide. Esta fuerza salió de México el 16 de noviembre de 1820. Guerrero, con sus habilidades tácticas y conocimiento del terreno, consiguió ganarle a Iturbide en varias escaramuzas. Entonces Iturbide, fiel a su naturaleza camaleónica, dio un paso que tendría la repercusión de más amplio alcance del movimiento Independentista. El 10 de enero de 1821, envió una carta proponiendo Guerrero que los dos unieran sus fuerzas y luchar por la independencia de México bajo lo que él denomina las "tres garantías": que México debe ser una monarquía constitucional independiente, que las distinciones entre españoles, criollos, mestizos y los indios se suprima, y que el catolicismo debería ser la religión del estado.

Con el acuerdo de Guerrero, las Garantías Tres fueron proclamadas el 21 de febrero 1821 en el manifiesto llamado "Plan de Iguala. Los dos hombres unieron sus fuerzas en lo que se conoció como el Ejército Trigarante ("Ejército de los Tres Garantías") y preparado para atacar la ciudad de México.

Don Juan O’Donojú, quien había sucedido como Virrey a Apodaca, se dio cuenta de que la situación era desesperada y accedió a la independencia de México. El 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante entró triunfal en la capital.

El 21 de mayo de 1822, el vanaglorioso Iturbide se proclamó Emperador Agustín I. La coronación realizada espontáneamente en mayo, dirigido por un grupo selecto de sus soldados, que aceptaron una corona imperial, alegando que el Plan de Iguala lo permitía.

Antonio Lopez de Santa Anna fue gran amigo de Iturbide pero pasó de su "amadísimo general", "dignísimo y particularmente amado emperador" a "el déspota más injusto", "que en lugar de ser el libertador, se había convertido en un tirano" y de hecho a través de Miguel Santa María intercedió para que en Washington D.C. no se reconociera el gobierno de Iturbide.

El 6 de diciembre de 1822, Guadalupe Victoria salió de su retiro para apoyar el movimiento que Santa Anna estaba gestando. Conociendo el prestigio y popularidad del ex insurgente, Santa Anna optó por entregarle la jefatura. Juntos proclamaron el Plan de Veracruz. Vicente Guerrero y Nicolas Bravo también unieron fuerzas con Santa Anna conformandose como "liberalistas".

Santa Anna reportó a Guadalupe Victoria haber sido atacado por los cuatro puntos cardinales por las fuerzas imperiales. Pero un giro radical aconteció cuando los generales (hasta ese momento fieles a Iturbide) Echávarri, Lobato y Cortázar firmaron el 1 de febrero de 1823 el Plan de Casa Mata. Se cree razón de este cambio de ideología obedeció a la influencia de las logias masónicas.

En Marzo del mismo año Iturbide abdica y se embarca hacia Europa en el exilio.

Mientras todo esto sucedía en el centro, en el sur no estuvieron de acuerdo con el Plan de Casa Mata y aprovechando la falta de liderazgo Mexicano, el 24 de junio el Congreso local se reunió en la Ciudad de Guatemala, votó su separación de México, con excepción de la provincia de Chiapas, la cual prefirió mantenerse unida. El 1 de julio de 1823, se constituyó la llamada Provincias Unidas del Centro de América y fue así, simple y sencillo, como perdimos Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, aunque cabe resaltar que el territorio de El Salvador fue anexado brevemente al Imperio Mexicano.

Los liberalistas (término para acuñar la renuencia a tener un Imperio) se dividieron en Federalistas y Conservadores (o centralistas) pues no lograban acordar la forma de gobierno post-Imperial.

Un problema fue que después de eso México adopto una tradición política americana de ese tiempo: elegir al presidente y al vice-presidente de diferentes partidos, con el supuesto objetivo de lograr acuerdos.

El presidente electo en 1824 fue Guadalupe Victoria (liberal Federalista) y el vicepresidente fue el General Nicolas Bravo (un conservador centralista). Bravo lanzó un golpe de estado en 1827 pero fue sofocado por Guerrero, su viejo camarada de armas. Bravo fué enviado al exilio por órdenes de Guadalupe Victoria.

El 4 de diciembre de 1824, el General Guadalupe Victoria, entonces presidente de México, decretó el 16 de septiembre como fiesta nacional, realizándose esta ceremonia por primera vez en 1825, en donde el dirigente dio el Grito de Independencia ese día por la mañana, emulando al acto del cura Hidalgo 15 años antes (omitiendo la parte de Fernando VII).

Al término del mandato de Guadalupe Victoria, el congreso nombra a Vicente Guerrero Presidente de México en enero de 1829, cargo que ocupa sólo ocho meses durante los cuales afronta graves problemas como el suscitado por la expulsión de los españoles de México, el ofrecimiento de Estados Unidos para comprar Texas, a lo cual se opuso rotundamente y la guerra civil de Yucatán.

Tuvo fuertes problemas, sobre todo con Leonardo Zavala (fue ex-senador de Yucatán) que era en ese momento su Ministro de Guerra. Zavala fue aconsejado por Joel R. Poinsett (un diplomático norteamericano). Guerrero logra la renuncia de Zavala y la expulsión de Poinsset en Noviembre de 1829.

Nicolás Bravo regresó del exilio. Fue líder de la independencia y alguna vez compañero de Guerrero cuando unieron fuerzas contra Iturbide. Bustamante (vicepresidente) se une con Bravo y organizan una revuelta en contra de Guerrero el 4 de Diciembre de 1829.

A consecuencia de lo anterior, el 1 de Enero de 1830 el congreso declara a Guerrero como “imposibilitado para gobernar la República”, por lo que se marcha al sur y Bustamante asume la Presidencia.

En el sur, Guerrero monta una insurrección en contra de Bustamante y de hecho logra ganar en varias batallas.

El Ministro de Guerra y Marina de Bustamante, de nombre José Antonio Facio, pagó a un capitan genovés llamado Francisco Picaluga la cantidad de cincuenta mil pesos para que invitara a Guerrero a comer abordo de su bergantín El Colombo, anclado en Acapulco, ahí Picaluga toma prisionero a Guerrero y lo lleva a Huatulco (Oaxaca) para entregarlo.

Guerrero es conducido a la Capital del estado donde se le forma consejo de guerra y se le condena a muerte.

Anastacio Bustamante

En 1829 el proyecto de Anastacio Bustamante (siendo Vicepresidente, criollo acomodado -hijo de españoles-) fue quitar a Vicente Guerrero (siendo Presidente, mestizo de orígenes humildes). Bustamante inicio con el cargo de Teniente y Realista, estuvo al mando del General Felix Maria Calleja y combatió contra Hidalgo y Morelos. Bustamante llegó a ser General. Logró ser Presidente de Mexico tres veces, la primera en 1830.

La relación de Juarez con Santa Anna fue curiosa

Juarez siendo diputado federal en 1847 y estando en la ciudad de México fue uno de los que ayudó a reelegir a Santa Anna como presidente y a Gómez Farías como vicepresidente. A causa de la invasión estadounidense regresó a Oaxaca y se le colocó como gobernador interino en ese mismo año y con ese cargo Juárez impidió la entrada a Oaxaca al fugitivo Santa Anna quien venía huyendo de la capital del país debido a la ocupación estadounidense de entonces.

Cuando Antonio López de Santa Anna llegó por undécima vez a la silla presidencial cobró venganza a Juárez por haberle impedido ingresar al Estado y lo tomó prisionero.

En 1853 lo encerraron en las tinajas de San Juan de Ulúa. Al poco tiempo lo trasladaron a Veracruz donde lo embarcaron en nave de bandera española rumbo al destierro en Cuba donde trabajó en una fabrica de puros. Juárez llegó a La Habana y se trasladó a Nueva Orleans, lugar dónde buscó el apoyo de las logias masónicas locales. Juárez allí conoció a Melchor Ocampo  y otros refugiados que habían sido desterrados o simplemente eran perseguidos políticos del dictador. Todos ellos se reunían en esa ciudad en secreto para planear un golpe de Estado en contra de Santa Anna.

Juárez consiguió trabajo en una fábrica de puros como obrero con un sueldo miserable. Sin embargo, encontró el amparo de Emile La Sere, un rico comerciante de origen haitiano y del diputado/empresario John Slidell, accionista y gerente de la Lousiana-Tehuantepec Co, empresa que buscaba crear una vía del tren hacia el istmo de Tehuantepec para importar y exportar bienes. Al prestarle la ayuda económica con la que Juárez y a los otros exiliados liberales vivían en buenas condiciones, los comerciantes extranjeros esperaban que se les retribuyera cuando llegaran al poder.

En síntesis tenemos que:

  • Hidalgo permitió saqueos y asesinatos de inocentes (mujeres y niños incluidos) y además disfrutaba con saña las ejecuciones, el colmo llego con la toma de la Alhóndiga de Granaditas el 28 de Septiembre de 1810. Allende jamás estuvo de acuerdo con esa manera de actuar.

  • Después de la victoria de la batalla del Monte de las Cruces, el ejército Insurgente en su punto más fuerte, pudo tomar la ciudad de México y forzar a firmar al Virrey la Independencia de la Nueva España. Esto en tiempo récord de 3 meses de conflicto. Inexplicablemente Hidalgo ordena la retirada. La guerra de Independencia duró 11 años y costó la vida de 1 millón de personas (principalmente indígenas, mestizos, criollos y peninsulares, en ese orden) cuando en todo el Reino de la Nueva España contaba con 6 millones de habitantes, es decir, aproximadamente el 16% de la población murió a consecuencia de este conflicto.
  • Allende cansado de los hierros de Hidalgo intentó asesinarlo 3 veces, envenenándolo.  Pero nunca lo logró.
  • Ignacio Elizondo, que estuvo bajo el mando de Allende en los tiempos de los Dragones de la Reina,
    traicionó a a su anterior superior y a Hidalgo. Los entregó a los
    realistas. El motivo fue porque Allende en meses anteriores al conflicto no quiso
    otorgarle el nombramiento de teniente general.

  • Vicente Guerrero (insurgente) e Iturbide (siendo realista) proclaman el Plan de Iguala (convirtiéndose en traidor para el Virreinato) para tumbar al Virrey Apodaca y lograr la Independencia de México. Iturbide quedó como líder del Ejército Trigarante y después en un movimiento sorpresivo se auto-proclamó Emperador (traicionando a Vicente Guerrero y a todos los demás líderes Insurgentes).
  • El Plan de Guadalupe Victoria, junto con Guerrero, Nicolás Bravo y Santa Anna, fue quitar a Iturbide [Plan de Veracruz y Plan de Casa Mata].
  • Nicolás Bravo siendo vicepresidente conspira en contra de su Presidente en General Guadalupe Victoria pero es derrotado por Vicente Guerrero
  • El proyecto de Bustamante fue quitar a Vicente Guerrero.
  • El proyecto de Santa Ana era quitar al que estuviera.
  • El proyecto de Juarez fue quitar a Santa Anna [Plan de Ayutla]
  • El de Diaz quitar a Juarez